Los elementos religiosos del peronismo (4ta. parte)



Estas reflexiones quieren mostrar que el peronismo no fue una estrella errática en el firmamento político argentino, sino que su configuración responde a la exacta hechura de una sociedad y no solamente a la de un líder solitario, de la misma manera que el tango -también un sentimiento- es un producto social típicamente argentino. El nacional-socialismo no fue sino la expresión histórica de un pueblo ansioso de reafirmarse a sí mismo ante el concierto de las naciones, con unas características muy determinadas que se expresaron en los precisos y marciales rasgos de un movimiento y de una ideología. Del mismo modo, una serie de elementos se concertaron para que surgiera el peronismo como una expresión genuina de la sociedad -esa sociedad sentimental, entre otras notas- y no como un cuerpo extraño a ella misma.
De este modo puede decirse que Perón fue la expresión de un sentir y de unas circunstancias que excedían largamente a su propia persona individual, y no tanto un creador genial o un inventor ex nihilo, y su mérito en todo caso fue haber protagonizado esa situación.
La cultura argentina se encuentra construida sobre una matriz autoritaria. El autoritarismo no es un régimen político abstracto, sino un sistema de gobierno que se articula y expresa a través de personas concretas, cuya conformación psicológica es autoritaria. Hace algunos años, muchas personas se sintieron visiblemente contrariadas ante la expresión de la periodista italiana Oriana Fallacci, quien aseguró que en cada argentino anidaba un "enano fascista". La característica es propia de pueblos -típicamente los subdesarrollados- donde aún no se ha alcanzado un grado mínimo de madurez política y cuya expresión es un autoritarismo emotivista. Lo cierto es que cuando parecen superarse algunas formas de autoritarismo, aparecen otras nuevas, aun en sociedades culturalmente desarrolladas. El surgimiento producido en los años noventa de movimientos como los Skinheads, las Milicias y otros han puesto de relieve las debilidades de la cultura posmoderna.
Es posible que alguien pregunte por qué la Iglesia no se opondría de inicio al peronismo, tratándose de un régimen autoritario. La respuesta a esta pregunta debe entenderse en el contexto histórico, partiendo de la premisa de que -como se apuntara en la introducción- la actitud cristiana no es en absoluto litigiosa, y que la Santa Sede siempre ha procurado llegar con todos los regímenes de las más diversas especies a fórmulas de composición antes que de conflicto, según un espíritu evangélico de caridad. Esta sensibilidad encuentra aplicación también, desde luego, en el caso del peronismo. La "doctrina peronista" esencialmente considerada, tampoco aparecía en sí misma como anticatólica, sino todo lo contrario, como luego se verá.

La Iglesia no enfrentó a Perón, ni por su ideología porque él, en el fondo, era católico.