Los elementos religiosos del peronismo (26°parte): El culto oficial


El culto oficial

La vida de santidad se caracteriza por un verdadero diálogo personal y divino, mediante el cual el santo va descubriendo los contornos de su misión: concretar en su propia existencia temporal el designio eterno del Creador. Como todos los santos, Evita mantenía -según la hagiografía oficial- una fluída comunicación con Dios.

En "Cajita de música", por ejemplo, hay una lectura en la que se cuenta que en una oportunidad Eva quería enviar un mensaje de amor pero no estaba segura de cómo hacerlo. Ante la duda se dirigió a Dios a efectos de preguntarle qué debía hacer, a lo que Dios le contestó que el mensaje tendría la forma de un tren cargado de médicos y enfermeras, en obvia referencia al "tren sanitario" despachado por la Fundación Eva Perón, y al que volveremos a tratar en próximos capítulos. En "Mensaje de luz", leemos "(Dios decidió) poner fin a tanta iniquidad, envió a la tierra a su Angel Preferido...Y un día, Dios, que vio cumplido sus deseos, ordenó su regreso..."

Eva Perón representaba la función de una santidad laica con todas las características de los Santos, incluyendo la pureza y el martirio:

Evita también podía atender peticiones, un poder que demostró en su tarea en Trabajo y Previsión durante su vida y que continuó ejerciendo después de su muerte, "recibiendo" cartas de los pobres a través de cajas postales erigidas por el régimen. Algunas versiones introducen paralelos con ideas de milagros tales como los de Lourdes, narrando que Eva, tras besar la boca llena de llagas de una mujer que apareció ante su escritorio para solicitar su ayuda, de un golpe hizo caer al suelo una botella de desinfectante que le tendía un ayudante.

La relación simbólica Evita-Virgen María revestía sin duda una significación también fuertemente política.

La Madre del Pueblo, la Virgen de los Desamparados, como se llegó a escarnecerla en arranques de ciega devoción, sacramentó el movimiento hasta poco antes herético del "proletariado interno", que ella nunca había vertido por las calles de Buenos Aires en una avalancha de rescate del "alejado".

La invocación de títulos de innegables reminiscencias marianas se evidencia no sólo en la advocación de Dama de la Esperanza, sino también en la Señora de las Realidades y Señora del Sufrimiento. Una crítica descripción de la significación religiosa del régimen no ahorra crudeza antiperonista, aunque sin dejar de reflejar una realidad que conforma, según su entender, una nueva religión con todos los elementos que la caracterizan como tal:

En resumen, la religión peronista contiene: fetichismo, iglesias, sindicatos, comités, tabernáculo (mausoleo), evangelio (La Razón de mi Vida), catequistas, misioneros y apóstoles enumerados ya por Cicerón como integrantes de las falanges de Catilina.

NO SE TRATABA CIERTAMENTE DEL IMPULSO ESPONTÁNEO DE LAS GENTES SENCILLAS DEL PUEBLO, COMO PODRÍA PENSARSE, SINO DE UN CULTO PROMOVIDO DESDE LAS INSTANCIAS MISMAS DEL PODER (*) COMO UNA VERDADERA RELIGIÓN OFICIAL.