Los elementos religiosos del peronismo (33° parte): Una nueva religiosidad



Las invocaciones y referencias a su persona tienen siempre ese trasunto de clima sobrenatural:

"La fuerza persuasiva de su prédica luminosa, hija de inalterable energía ordenadora, la envuelve en un aire de milagro"

La comparación alcanza incluso a la propia persona sagrada de Jesús, que como ella arrojó a los mercaderes del templo y cargó la cruz. Pero lo curioso es que las referencias sobrenaturales de Evita no sólo provenían de sus prosélitos, sino que podían encontrarse en boca de personajes tan insospechados como Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores de España, quien la definiera como

"Un ángel protector del pueblo argentino"

Es ya casi un lugar común la referencia a que la imagen de Evita estuvo revestida de un halo místico. La prensa oficial pronto comenzó a sacralizar su persona, mediante una imbricación con signos religiosos, como el poema Nuestra Señora del Bien Hacer publicado en Mundo Peronista, que señalaba una analogía bien evidente para un pueblo sencillo, siempre cercano a la devoción a la madre y a su prototipo religioso: la Santísima Virgen, protectora de los humildes.

"Eva Perón no llegaba a hablar de sí misma en esos términos, pero la mise en scene con la que rodeaba su obra no era ajena a la comparación con episodios bíblicos. Sus antiguas referencias de origen católico fueron reemplazadas por otras de inspiración justicialista, que integraban imágenes de la Biblia".

No tardaron en circular entre el pueblo las historias que fundaban fácticamente esa sacralización:

"Los numerosos testimonios de las mujeres que trabajaban con ella en el Partido Peronista Femenino corroboran la percepción de elementos supranaturales en su reconstrucción de la imagen de Evita: era "santa" o "predestinada" o, incluso, un segundo Dios".

Verdaderas peregrinaciones de fieles católico-peronistas al santuario de Nuestra Señora de Luján que pedían la curación de la Señora protectora de los humildes demostraron el amor y la devoción suscitados por ella en los corazones de una multitud de creyentes, pero también preanunciaron el surgimiento de una forma nueva de religiosidad popular.

Las plegarias y los ritos de los partidarios afligidos no desaparecieron con el paso del tiempo sino que comenzaron a cristalizarse en torno del mito como un culto. Las clases trabajadoras siguieron entonando "Santa Evita que estás en el cielo", mientras algunos creían ver a Eva en el cielo, con su perfil claramente impreso en la luna.