P. Ignacio Andereggen. Los fundamentos de la vida espiritual. Primera meditación.

Pbro. Dr. Ignacio Andereggen
El Padre Ignacio Andereggen nació en Buenos Aires en 1958. Es sacerdote de la Arquidiócesis de esa ciudad. Licenciado en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica Argentina “Santa María de los Buenos Aires” con Medalla de Oro. Doctor en Filosofía y Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma con la máxima calificación académica (summa cum laude). Profesor en las Facultades de Filosofía y Teología de dicha Universidad. Es profesor de Historia de la Psicología en el Pontificio Ateneo Regina Apostolorum de Roma, donde también enseña en las Facultades de Filosofía y Teología. Se desempeña como profesor titular de Metafísica y Teología en las Facultades de Filosofía y Letras y de Derecho de la UCA. Ex Investigador del CONICET de la República Argentina, es miembro correspondiente de la Pontificia Academia Romana de Santo Tomás de Aquino y de Religión Católica.
En su haber tiene diversas publicaciones, entre las que se destacan:
  • La metafísica de Santo Tomás en la Exposición sobre el De divinis nominibus de Dionisio Areopagita, 1989;
  • Introducción a la Teología de Tomás de Aquino, 1992 (traducción italiana, Roma 1996);
  • Hegel y el Catolicismo, 1995;
  • La psicología ante la gracia, 1997, 1999 (en colaboración);
  • Contemplación filosófica y Contemplación mística, desde las grandes autoridades del siglo XIII a Dionisio Cartujano (s. XV), 2002;
  • Sacerdozio e pienezza di vita, teologia e spiritualità sacerdotale nel Concilio Vaticano II e in San Tommaso d'Aquino, Roma 2003; traducción española, “Sacerdocio y plenitud de vida. Teología y espiritualidad sacerdotal en el Concilio Vaticano II y en Santo Tomás de Aquino” 2004, premiada por la Exposición del libro católico 2005;
  • Bases para una psicología cristiana (en colaboración), 2005;
  • Teoría del conocimiento moral, lecciones de gnoseología, 2006;
  • Antropología profunda, el hombre ante Dios según Santo Tomás y el pensamiento moderno, 2008.


Los elementos religiosos del peronismo (22°parte): Dios es peronista

"DIOS ES PERONISTA"


La significación política

Las fiestas máximas del santoral peronista son el antes referido Día de la Lealtad, en conmemoración del 17 de octubre de 1945, fecha que marca la irrupción del movimiento en la escena política nacional, y el Día del Trabajo, celebrado el 1° de mayo a nivel internacional. Finalmente, se sumó el Día del Renunciamiento, en homenaje a la actitud de Evita de declinar la candidatura a la vicepresidencia de la Nación, tal como lo impulsaban los sindicatos organizados en la Confederación General del Trabajo (C.G.T.). La celebración del Día del Trabajo tiene un origen martirial, que debe buscarse en la ejecución de dirigentes sindicales norteamericanos en Chicago, el 1° de mayo de 1886, condenados tras un dudoso proceso. La Unión Soviética, durante su período hegemónico, convirtió la celebración en una exhibición de poder mediante la realización de una parada militar. Durante el nacional-socialismo la fecha fue presentada como una fiesta de carácter predominantemente político más que social.


En el día de los trabajadores, Perón dirigía un mensaje al pueblo, exaltando el carácter social del régimen y su movimiento, del cual siempre gustaba subrayar que el sindicalismo era su columna vertebral. Múltiples actos públicos se celebraban en todo el país, con elección de la Reina del Trabajo, coronada por las más altas autoridades y paseada con honores y solemnidades, incluyendo una escolta de trabajadores.


Fundada simbólicamente el 17 de octubre, (al punto que se ignoró cualquier precedente), constituyó una suerte de ritual a través del cual el régimen reafirmaba su legitimidad dos o tres veces por año.


Lo cierto es que, en la perspectiva ideológica peronista, se tendía a subordinar el significado religioso al político, como se ha advertido en relación al 17 de octubre. Mas aún, se trataba, en realidad, de la institución de una propia y verdadera "misa peronista":


Bombos, descamisados, racimos humanos: se diría que el pueblo tenía conciencia de estar inaugurando un ritual, una ceremonia teatral y religiosa en donde pudiera reconocerse, inventando de una vez por todas los signos de connivencia que año tras año, mientras duró el peronismo, le servirían para celebrar su misa.


Finalmente, ¿Cuál era el significado político del ritual? El más importante es la constitución de la identidad política, que no se conforma con el solo hecho de recibir el regalo de una máquina de coser o una botella de sidra. En segundo lugar, la plaza era el ámbito de adoctrinamiento donde Perón -como el Santo Padre en Piazza San Pietro- ocupaba la cátedra de su magisterio político en la plenitud de su realeza.


En este último período la retórica peronista estuvo saturada de elementos religiosos. El peronismo necesitaba "apóstoles" para "predicar" su doctrina, a la que Perón resumió en sus "veinte verdades fundamentales del justicialismo", que leyó a la multitud el 17 de octubre de 1954. Democracia caracterizaba al 17 de octubre como "una misa laica", mientras repetía que "Dios es peronista". 

Las conclusiones de este autor muestran cómo el ritual político revistió un significación de primera magnitud en el desarrollo del peronismo como una nueva religión política.

Hacia el final del régimen peronista, el proceso que había comenzado en 1946 estaba completo. El Primero de Mayo y el 17 de Octubre ya no eran festividades populares, sino celebraciones altamente ritualizadas organizadas enteramente por el Estado.

Al manipular los símbolos y establecer rituales, Perón fue capaz de reforzar su imagen como líder carismático. Los rituales políticos eran momentos en los cuales Perón podía colocarse a si mismo y a los símbolos asociados a su persona y al movimiento en el centro de los eventos. Mientras tanto, la propaganda oficial peronista presentaba una visión del pasado y una interpretación de los hechos consistente en el imaginario del régimen. Perón también usaba los rituales para recrear periódicamente la base mítica de la legitimidad del régimen: el contacto directo con el pueblo.






Los elementos religiosos del peronismo (21° parte): Los instrumentos del rito

Los instrumentos del rito


Parte de esa liturgia está constituida por el escudo peronista, conformado con elementos similares al nacional, donde se subrayan las manos entrelazadas en signo de solidaridad. 

La marcha peronista, coreada con una unción religiosa por todos los asistentes, subraya el eufórico nombre del líder máximo en un estribillo de "vivas" reiterados. 

El rasgo peculiar e identificatorio lo proporcionan principalmente los retratos de Perón y Evita y los bombos, un instrumento de percusión cuyo retumbar incesante contribuye de una manera especial a configurar ese ambiente festivo -incluso carnavalero, y hasta soez- pero siempre fuertemente emotivo, tan propio del peronismo.

En las bandas militares, el bombo subraya el elemento rítmico característico de la marcialidad, y su uso es muy antiguo en los cuerpos armados. En las ceremonias rituales de los pueblos indígenas, la percusión es un factor siempre también presente. Un análisis del milenarismo, al estudiar los movimientos proféticos americanos, se refiere a la Dream-Dance, uno de los más importantes entre los indios del norte del continente, donde el tambor transmite un sentido de solidaridad. El bombo quizás constituye quizás el símbolo más importante de expresión popular en el peronismo, significación advertida claramente, aunque negativamente interpretada, por los antiperonistas, quienes consideran al instrumento como una verdadera representación del mal:

Este "tambor muy grande", como lo define la Real Academia Española de la Lengua, ha pasado de ser un instrumento apenas complementario y ocasional de cualquier orquesta que se respete, a la categoría de un verdadero símbolo nacional. Desde que la dictadura totalitaria lo incorporó en 1943 a la vida nacional, ha sido utilizado como medio de propaganda de sus seguidores, como anuncio de su presencia multitudinaria, y como prolegómeno de tumulto y desorden.


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LIBRO: "LA GUERRA MODERNA"-CNEL. ROGER TRINQUIER (Parte 6) (2)

6. Defensa del territorio (2/6)



Primero, tenemos que designar un hombre enérgico e inteligente, en cada ciudad, que, ayudado por distintos colaboradores, pueda construir una fuerte organización con el mínimo de ayuda de las autoridades.
Esto puede hacerse así: el líder designado dividirá la ciudad en distritos, al frente de los cuales colocará a un jefe con tres ayudantes. Éstos a su vez, dividirán los distritos en sub distritos, designando jefes y ayudantes para cada uno. Finalmente, cada edificio o grupo de casas recibirá un jefe y dos o tres ayudantes, los cuales estarán en contacto directo con el pueblo.
Una cuidadosa investigación es necesaria, antes de escoger a los miembros de la organización, a fin de evitar su fracaso. Una buena medida, por tanto, sería la de responsabilizar a cada miembro con la selección y control de sus subordinados; y así se lograría una rápida organización, montada sobre una base firme.
Fuera del territorio nacional o durante un período de crisis en nuestro propio suelo, cuando por una serie de circunstancias no podamos estar muy seguros de la lealtad del pueblo, particularmente si nuestros adversarios han trabajado ya sobre su mente, haciéndole temer por su propia suerte si coopera con nosotros, el problema de establecer esta organización será más complejo, porque los habitantes rehuirán toda acción de responsabilidad, temerosos de que, de fracasar, puedan quedar sujetos a la venganza.
En este caso tenemos que crear la pirámide de nuestra organización desde abajo, apoyándonos en la policía para que pueda mantener el orden en todo momento. Escuadrones de gendarmes, miembros de las fuerzas motorizadas, acostumbrados al diario contacto con el pueblo, serían los encargados de esta delicada misión.
Lo primero que harían sería completar una especie de censo de la población, estableciendo con ella una cierta corriente de unión entre ambos grupos. El líder básico de la organización sería el jefe de la familia, que resultaría responsable de todos los residentes de su apartamento o de su casa.
Mientras se efectúa el censo, hay que escoger un grupo de casas y entregar la jefatura o control de las mismas a determinado grupo de jefes de familia, nunca pasando de cuatro o cinco.
Finalmente, terminado el censo, se designarían los jefes de los sub distritos, y, teniendo en cuenta que estos individuos han de representar un papel importantísimo en la organización es conveniente que el jefe en general se encargue de designarlos, siempre después de cuidadosa investigación. Estos jefes de sub distritos resultan tan importantes, que no pueden ser personas que no tengan verdadera preponderancia en el lugar donde se mueven, digamos en los comercios, en la barriada, en los clubes o hasta en las mismas familias.
No habrá nadie por encima del jefe de sub distrito. Su labor es demasiado importante para que esté en posición de recibir órdenes de otra persona. Y sería, además, un blanco fácil para el enemigo. El jefe del sub distrito tiene que ser una especie de punta en la pirámide que constituye la organización.
En caso de guerra, un organismo mixto de civiles y militares deberá ser creado para controlar los distritos en las grandes ciudades; y su papel esencial será transmitir órdenes a los jefes de los sub distritos, cuidar de que las mismas sean llevada a efecto y acumular toda la información que estos jefes puedan proporcionarle. Teniendo constante contacto con los jefes de los sub distritos, este organismo especial podrá asegurar el mantenimiento del trabajo y la correcta ejecución de las órdenes que se transmitan.
El censo de la población permitirá dar a cada habitante una especie de tarjeta, quedando el organismo con una o más copias de la misma para los efectos consiguientes.
La tarjeta incluirá la fotografía de la persona, el número de su casa-grupo, la letra del sub distrito a que pertenece, el número del distrito y una letra señalando la ciudad en que reside. El resultado facilitará la identificación de la persona, siguiendo a través del catálogo de afiliados las letras que corresponden a su tarjeta. Y ayudará grandemente a una  constante comprobación de los integrantes de la organización y de la habilidad de los jefes de que dependen.
Esta organización permitirá la participación de una población en los trabajos de su propia defensa; y en muchísimas ocasiones, precisamente por la índole de su labor, facilitará grandemente la misión de la policía. Así, la vigilancia, observación y detención de los individuos peligrosos se hará sin mucha dificultad, y la transmisión de instrucciones y órdenes resultará indudablemente fácil.