LA AUTORIDAD QUE NECESITA EL NACIONALISMO ARGENTINO: NO EXISTE OTRA

 

Hay formas de ejercer la autoridad acordes con la dignidad del hombre. Es la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo.

SAN PEDRO, ejemplo de AUTORIDAD, no de autoritarismo


La autoridad condenada al fracaso

Hay personas que logran ganarse una posición de gran respeto por la vía de la fuerza o el miedo: tienden a utilizar un poder coercitivo para lograr lo que se proponen. Su eficacia a corto plazo suele ser alta, pero no es fácil de mantener por mucho tiempo, pues produce una sumisión tensa y provoca actitudes de resistencia que pueden llegar a ser enormemente activas e ingeniosas.

Este tipo de poder es el que ejercen algunas personas en el trabajo, la escuela, la familia, etc., con resultados a largo plazo generalmente deplorables, pues entran con facilidad en una dinámica que alienta la simulación, la sospecha, la mentira y la inmoralidad.

En algunos casos extremos, cuando se lleva al límite esa tensión, produce conflictos personales más graves, pues como escribió el pensador ruso Alexander Solzhenitsyn «sólo se tiene poder sobre las personas mientras no se les oprima demasiado; porque si a una persona se le priva de lo que considera fundamental, considerará que ya nada tiene que perder y se liberará de esa sujeción a cualquier precio».

El poder coercitivo suele desaparecer cuando desaparece la capacidad de ejercer las amenazas o el miedo, y entonces surgen con facilidad, como reacción, sentimientos de rechazo, oposición o revanchismo.

Hay otros estilos de autoridad menos despóticos, que consiguen mantener una posición de dominio de una manera más utilitaria, por la vía de la contraprestación y el equilibrio de poderes, y la gente les obedece y les sigue en puntos concretos a cambio de unas ventajas determinadas. La relación que se establece suele ser de simple funcionalidad, y ese equilibrio de fuerzas se mantiene mientras beneficie a ambos, o al menos, mientras continuar así les perjudique menos que romperlo. Es cierto que ofrece una cierta sensación de equidad y justicia, pero es el tipo de situación propia de relaciones laborales o familiares precarias y enrarecidas


La verdadera autoridad

Hay, por último, otras formas de ejercer la autoridad más acordes con la dignidad del hombre. Es la autoridad moral que poseen aquellas personas en las que se confía y a las que se respeta porque se cree en ellas y en la tarea que están llevando a cabo. No es una fe ni una servidumbre ciegas, ni consecuencia del arrastre de un gran carisma personal, sino una reacción consciente y libre que esas personas producen en los demás gracias a su honestidad, su valía y su actitud hacia los otros.

Todos hemos conocido personas que han despertado en nosotros esos sentimientos de adhesión. Quizá esa persona nos sorprendió depositando una mayor confianza en nosotros, nos trató de forma distinta, nos alentó en momentos difíciles, o nos ofreció su ayuda cuando no lo esperábamos. El caso es que generó en nosotros una consideración especial hacia él: una actitud de respeto, de lealtad, de compromiso, de receptividad.

Se trata de algo que también puede producirse ante un personaje que nos presenten los medios de comunicación, o ante figuras que descubrimos en la historia, o ante escritores o artistas de otra época, por ejemplo. Pueden despertar en nosotros una corriente de extraordinaria simpatía o, por el contrario, de profundo rechazo. Estudiar esas figuras y analizar los rasgos que producen esos efectos, será siempre una fuente de ideas interesantes para todo aquel que desee ganar en autoridad moral.


QUÉ OCURRE EN LOS HOSPITALES

EN ESTOS DÍAS EMPEZAREMOS A COMPARTIR INFORMACIÓN SOBRE LO QUE OCURRIÓ EN LOS HOSPITALES  EN ESTOS DOS ÚLTIMOS AÑOS (Y SIGUE OCURRIENDO). 

LAS HISTORIAS QUE NOS LLEGAN SON REALMENTE ESCALOFRIANTES. 

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N.C.N.G.N.P.

SOBRE EL LIDERAZGO DEL NACIONALISMO CATÓLICO

 IMPOSIBLE QUE HAYA GRUPOS O PERSONAS QUE INTENTAN LIDERAR AL NACIONALISMO CATÓLICO CUANDO ADHIEREN A FRATERNIDADES QUE NO ESTÁN EN COMUNIÓN PLENA CON LA IGLESIA



LEYENDO ESTOS 16 PUNTOS Y AGREGANDO EL PRINCIPAL: "ESTAR EN PLENA COMUNIÓN CON LA IGLESIA" SE PUEDA VOLVER A VER UN RESURGIR DEL NACIONALISMO CATÓLICO

La Biblia es una mina de oro de la que podemos extraer muchas enseñanzas para nuestra vida de fe y la forma de ejercer nuestro liderazgo.

La Primera carta a los tesalonicenses es, posiblemente, el primer escrito del Nuevo Testamento. Lo escribió san Pablo mientras estaba en Corinto, entre los años 50 y 52. También es el primer escrito que conocemos de san Pablo y esto le da una especial importancia.
No se trata de un escrito polémico, como la Carta a los gálatas, por ejemplo. Presenta la rica afectividad de san Pablo, su preocupación pastoral, su cariño entrañable y paternal por sus discípulos, su agradecimiento a Dios, su enorme confianza en Jesucristo.
Al mismo tiempo nos permite asomarnos al liderazgo de san Pablo, a su estilo particular de vivir y anunciar el Evangelio, guiando y pastoreando a los hermanos bajo su cuidado, iniciando caminos nuevos e inéditos, con una buena dosis de creatividad evangélica y caridad pastoral.

1. Comunicación eficaz

San Pablo utilizó ampliamente las cartas e hizo importantes innovaciones al género epistolar con el propósito de estar en comunicación con sus discípulos y con las comunidades que iba estableciendo. Por eso tenemos cartas entrañables a sus discípulos y epístolas interesantísimas a las diversas comunidades cristianas para ayudarlas en su maduración en la fe. Así pues, la primera lección del liderazgo paulino es el empleo de todos los medios a nuestro alcance para tener una excelente comunicación con los hermanos bajo nuestro cuidado. Aprovechémoslos de manera inteligente, sin olvidar la importancia del contacto personal.

2. Dimensión comunitaria

San Pablo ejerció su liderazgo en comunidad, acompañado por colaboradores a los que fue capacitando, poniéndolos en grado de asumir su propio liderazgo. El Apóstol no practicó el individualismo ni trabajó de manera aislada, sino que vivió un hermoso compañerismo que suscitó afecto entrañable entre él y sus compañeros (cfr. 1Tes 1, 1a).

3. Íntima comunión con Dios

La eficacia apostólica de san Pablo nace de su íntima comunión con Dios, de su relación cercana con cada una de las tres divinas personas. Un líder cristiano debe caracterizarse por esta cercanía con el Dios uno y trino (cfr. 1Tes 1, 1b). Al mismo tiempo, tiene la convicción de que la Iglesia no le pertenece a él, sino a Dios Padre y a Nuestro Señor Jesucristo.

4. Intercesión por los hermanos

San Pablo tenía un genuino interés por cada una de las personas que había evangelizado. No eran para él cifras o números. Oraba por ellos constantemente. Los tenía presentes en sus oraciones. Se trata de un elemento esencial de todo aquel que ejerce el liderazgo en las comunidades cristianas (Cfr. 1Tes 1, 2).

5. Encaminarlos a la madurez en Cristo

La preocupación de san Pablo era llevar a la madurez cristiana a cada uno de los hermanos, por eso luchaba para que cada uno de sus discípulos desarrollara una fe activa, un amor entrañable y una esperanza perseverante (Cfr. 1Tes 1, 3).

6. Elegidos y amados

Su preocupación genuina por cada uno de los hermanos nace de una convicción profunda: cada uno de ellos ha sido elegido por Dios y es amado de una manera muy especial (Cfr. 1Tes 1, 4).

7. Frutos abundantes

Su manera peculiar de llevarlos a la madurez en Cristo consiste en anunciar el Evangelio con la palabra, pero dejándose conducir por el Espíritu Santo, el protagonista de la evangelización. Eso explica los frutos abundantes en su apostolado. Un ejemplo para los cristianos de hoy, llamados también a anunciar el Evangelio (Cfr. 1Tes 1, 5a).

8. Servidor


9. En medio de dificultades

El Apóstol anuncia el Evangelio aun en medio de grandes dificultades. No se echa para atrás ni se desanima, anunciando el Evangelio con el gozo del Espíritu Santo (Cfr. 1Tes 1, 6).

10. Modelos para los creyentes y evangelizadores

La preocupación de san Pablo es llevar a la madurez a los hermanos de tal manera que puedan ser modelo para los demás creyentes. No se trata de ser cristianos a medias, sino auténticos discípulos de Cristo, asumiendo la tarea de anunciar el Evangelio en los alrededores (Cfr. 1Tes 1, 7-8).

11. Impulsando a abandonar los propios ídolos

Es una tarea imprescindible para el Apóstol: llevar a los hermanos a dejar atrás a los ídolos para convertirse realmente y servir al Dios vivo y verdadero (Cfr. 1Tes 1, 9).

12. Reserva escatológica

Al mismo tiempo, san Pablo es consciente del valor altísimo de la eternidad: estamos a la espera de la Parusía de Jesús y esto da sentido y rumbo a la vida cristiana y orienta la urgencia del apostolado (Cfr. 1Tes 1, 10).

13. La importancia del encuentro personal


14. Sinceridad y honestidad a toda prueba

San Pablo describe su manera peculiar de realizar su ministerio y enfatiza algunas características: no se inspira en el engaño, ni en motivos sucios ni en intereses mezquinos, no recurre al fraude ni tiene el deseo de engañar a nadie, no busca agradar con palabras bonitas ni aduladoras y no procede con codicia ni usa pretextos para ganar dinero. Un modelo para los evangelizadores de todos los tiempos, pues estamos llamados a agradar a Dios, conscientes de que Él examina nuestros corazones (Cfr. 1Tes 2, 3-6 ).

15. Sin autoritarismo de ningún tipo

San Pablo renuncia a imponer a los hermanos la autoridad que tiene como apóstol de Cristo. Sabe que no es el camino más idóneo para guiar a las comunidades, pues el autoritarismo establece distancias que pueden ser insuperables, engendra profundos resentimientos y provoca el éxodo de los creyentes (Cfr. 1Tes 2, 7a).

16. Bondad y ternura en el ministerio

En lugar de autoritarismo, san Pablo prefiere actuar con toda bondad, como la misma ternura con que una madre estrecha en su regazo a sus pequeños, por el enorme afecto que tiene por sus discípulos. No sólo desea comunicarles el Evangelio sino la propia vida, evitando incluso convertirse en una carga para los creyentes (Cfr. 1Tes 2, 7b-9).

EL TEMOR A LA VERDAD Y EL TEMOR A LA BONDAD

 La Verdad es odiada porque el egoísta desea ser ley en sí mismo

El mal no puede soportar la visión de la Bondad, porque es un juicio de culpabilidad



La gente teme a Dios porque es la Divina Verdad; ese temor les hace pasar la vida en la mediocridad, en la indiferencia y falta de fe. San Pablo mencionó esto escribiendo a los Gálatas: “¿Me he creado enemigos entre vosotros por decir la verdad?”(Gál. IV, 16). Hay una diferencia entre nuestro alejamiento de Dios por ser la Bondad y por ser la Verdad.
La Bondad es temida, pero no puede ser plenamente odiada, porque incluso al rechazar la perfecta Bondad aún se ama un bien imperfecto; el temor es suscitado porque sospechamos que el Bien máximo de Dios apartará de nosotros algunos bienes menores, a los que amamos.
Pero la Verdad no es tanto temida cuanto es odiada, porque es hiriente y repugna al ego.
El hombre, incapaz de soportar lo que se llama la “terrible verdad” acerca de sí mismo, concibe un odio contra la verdad misma. Aun cuando disfrace esa actitud con el aparente paliativo de agnosticismo, o con la desesperación que siempre sigue a la arrogancia, y con el violento cinismo y el odio de toda la vida, ese hombre huye de la verdad por el temor de las exigencias que pueda hacerle.
La verdad puede ser odiada por cualquiera de estas tres razones:
  • A causa de nuestro orgullo intelectual, que se niega a admitir que una posición, una vez adoptada puede ser falsa. (…) Con el tiempo esto lleva al prejuicio y al empecinamiento irrazonado, lo que ciega a la mente respecto de la Verdad, mediante el odio.
  • También se puede odiar a la verdad porque su aceptación requeriría que abandonáramos nuestros malos caminos. Así como el alcohólico odiará a la verdad de que el alcoholismo ha arruinado su salud, y por lo tanto debe dejarlo, así se puede odiar a la verdad que se halla en Cristo, en su Iglesia, porque exige un modo de vida contrario al modo adoptado de pecado y disolución.
  • También se puede odiar a la verdad cuando implica que otra Mente conoce la verdad de nuestras faltas, y no puede ser engañada por el falso exterior de piedad con que se engaña al mundo. Esto explica por qué tanta gente odia la doctrina del Juicio Final o se niega a creer en el Infierno como lugar de castigo. La verdad de Dios que conoce lo que realmente son, les repugna tanto que sus mentes son capaces de construir un credo personal, descabellado, que esté de acuerdo a sus alocados modos de vida. El bien nunca niega la verdad del Infierno, pero el mal lo hace frecuentemente a fin de aquietar su intranquila conciencia.
  • En todos los casos mencionados la Verdad es odiada porque el egoísta desea ser ley en sí mismo, y eludir así la responsabilidad, o también porque desea continuar una vida equivocada y errada que la Verdad condena, o también porque desea que nadie más sepa la verdad acerca de él.
Ninguno querrá admitir, con palabras explícitas, que teme a la Bondad u odia a la Verdad, porque ambas son admirables en sí mismas para todos nosotros. Pero la mente recurre a racionalismos para justificar su rechazo de lo verdadero. Todas las personas no religiosas o antirreligiosas son escapistas; temerosas de inquirir, de buscar la Verdad o de seguir la virtud, racionalizan su escapismo mediante la indiferencia o la burla, el ridículo o la persecución.
La forma más popular de cubrir el odio a la Verdad y el temor de la Bondad consiste en la indiferencia, que todos los “cerebros” denominan agnosticismo, negando que exista la Verdad. Con una cultivada indiferencia respecto de la distinción entre verdad y error, anhelan tornarse inmunes de toda responsabilidad en lo que hace al modo cómo viven. Pero la negación estudiada a distinguir entre justo e injusto, en realidad de verdad no es indiferencia o neutralidad: es una aceptación de lo injusto, de lo erróneo.
La burla y el ridículo de la religión forman otro medio mediante el cual el temor de la Bondad y el odio de la verdad dentro de nuestro corazón, son proyectados a la Bondad y a la Verdad existentes fuera de nuestro corazón. Las personas virtuosas, piadosas y religiosas frecuentemente son ridiculizadas y mofadas en las oficinas y fábricas. Rebajando la bondad de los demás, esos burladores esperan justificar su propia carencia de bondad.
Pero el que se mofa de la Bondad o la Verdad Divinas, ya ha desenraizado a las mismas de su propia alma. Todavía sobrevive la posteridad de Herodes: Al verse confrontados con una Verdad que acusa, calman sus conciencias cubriendo a Cristo con una túnica de loco. El mal no puede soportar la visión de la Bondad, porque es un juicio de culpabilidad, un reproche para la maldad que no se arrepiente, por eso siempre al hallarse con ella quiere envilecerla y abusar de la misma. Búsquese la religión que es perseguida por el espíritu mundano y se hallará así la religión Divina. Si Nuestro Señor no hubiera sido la Bondad perfecta nunca hubiera sido crucificado.
El tercer tipo de “escapismo” o huída de la Verdad, es el ateísmo, tan violento en su odio que si pudiera destruiría a la Verdad y a la Bondad. Hasta el siglo presente sólo se negaba de un modo general uno u otro aspecto de la verdad, a un mismo tiempo; ahora se hace oposición a la Verdad total. Se ha cumplido la advertencia del Señor: “Vendrá un tiempo en que todo el que os condene a muerte proclamará que está realizando un acto de culto a Dios” (Juan XVI, 2).
Estar en pecado y temer al pecado puede ser un camino hacia la Bondad; pero estar en pecado y temer a la Bondad y odiar a la Verdad, es demoníaco. San Agustín, quien durante su juventud luchó contra la Verdad Divina, conoció por qué hay hombres que odian a la Verdad, puesto que él la odió durante tantos años y su respuesta es la siguiente:
Los hombres aman a la Verdad cuando ella ilumina, la odian cuando la misma reprueba. Aman a la Verdad cuando se descubre dentro de ellos, y la odian cuando los descubre a ellos. De ahí que ella haya de pagarles, que a ellos, quienes no querrían ser manifestados, contra su voluntad los haga manifiestos, y se vuelva manifiesta a ellos. Sí, de ese modo la mente del hombre, ciega y enferma, alocada y mal favorecida, desea ser ocultada, pero no lo logrará.
Es dable preguntar si en toda la literatura hay un ejemplo más claro de cómo los hombres temen a la Bondad y odian a la Verdad que en la historia de Juan el Bautista. Nuestro Señor alabó la bondad de Juan, diciendo: “Entre los nacidos de mujer nadie es superior a Juan el bautista” (Lucas, VII, 28).
Un día ese hombre bueno fue invitado a hablar en la corte de Herodes, ante una audiencia de gente rica, con muchas personas divorciadas y muchas casadas otra vez. El sermón fue breve: señalando con un dedo al Rey, el Bautista profirió con voz de trueno esta verdad: “No está bien que vivas con la mujer de tu hermano”. Un minuto después Juan estaba encadenado. Pocos meses más tarde, intoxicado Herodes por el vino y por las sensuales danzas de Salomé, prometió a su hermosa hijastra que le concedería cualesquiera cosa le pidiese, y aconsejada por su madre le dijo Salomé: “Dame la cabeza de Juan el Bautista”. El mal siempre matará a la bondad cuando ésta se ha convertido en reproche. la de la virtud es una carrera peligrosa.
“Eleva tu corazón: Por qué el ego teme el mejoramiento”.


Por Mons. Fulton Sheen